Por: Eva Álvarez de Eulate. APTASE. Consultora TALENT SEN. Coach y Mentora. Valladolid, 14 de agosto de 2024.

Las psicólogas Pauline Clance y Suzanne Imes identificaron en 1978 y denominaron Impostor phenomenon (IP)[1] a esta sensación de malestar que reconocían muchas profesionales a partir de un estudio con 150 mujeres diplomadas, con trabajos prestigiosos y que habían sido reconocidas por sus competencias. Paradójicamente muchas de ellas no reconocían su éxito.
El síndrome del impostor identificado por Clance e Imes respondía a una impresión personal de no poder responder al perfil o a las necesidades de la función desempeñada en el trabajo. Las mujeres reconocían cierta inseguridad, se creían deslegitimadas para la tarea y tenían dificultad para reconocer sus logros, que atribuían a factores externos a ellas o a su trabajo.
Casi medio siglo después este síndrome del impostor puede afectar no sólo a mujeres, sino a cualquier persona. En los inicios del desempeño de un nuevo puesto de más responsabilidad, cuando cambiamos de trabajo o cuando nos reinventamos.
¿Has tenido alguna vez esa sensación incómoda de no merecer tu puesto de trabajo o de no estar en tu sitio? ¿De no estar a la altura requerida o de no saber lo que necesitarías para desempeñar tu nueva función? Si alguna vez en el transcurso de tu experiencia laboral te has sentido así, te recomendamos continuar leyendo nuestro post.
¿Qué es el síndrome del impostor?
Este síndrome es un cuadro psicológico que refleja un estado que nos lleva a dudar de nuestra competencia o de nuestras capacidades profesionales, nos arrastra a dudar de nosotros, al tener la impresión de no merecer el puesto que desempeñamos, a reconocernos como un impostor, un fraude.
Es como una sensación de que estamos mintiendo a nuestros colegas en cuanto a nuestra preparación o nuestras capacidades y de que no hacemos bien nuestro trabajo.
A esto se añade una necesidad de perfeccionismo, de tener que hacerlo mejor, o de tener que hacer más para conseguir un trabajo satisfactorio, de manera que se puede llegar a sacrificar el propio bienestar al trabajar más. Pudiendo llegar incluso a una situación de burnout. (Obviamente te cargas de trabajo para “ser merecedor”, tienes el presentimiento de que te arriesgas a que alguien te descubra y que se den cuenta de que no eres tan competente como pareces).
Si te has reconocido en una o varias de estas afirmaciones, tranquilízate, porque no eres un caso aislado. Parece ser que este síndrome es bastante frecuente entre los profesionales del ámbito del conocimiento. Y va en aumento durante los últimos decenios, posiblemente por la tendencia a cambiar con cierta frecuencia de lugar de trabajo. Además el síndrome del impostor no está reservado solamente a los que llegan nuevos a una empresa, sino que los empleados que ocupan nuevos puestos de más responsabilidad pueden sufrirlo en mayor medida que otros, así como las personas que cambian totalmente de ocupación para reinventarse.
Pistas para superar este síndrome del impostor:
Vas a partir de que esa sensación se debe a tus miedos. Para superarla, vas a dejar miedos aparte; y te vas a centrar en los hechos, en lo objetivable. En lo que haces, en lo que vas consiguiendo en tu trabajo o en tu nuevo puesto.
- Comunica lo que te pasa por la cabeza. No te aísles. ¿Por qué? Porque por un lado al verbalizar tu preocupación te vas a liberar de esa desagradable sensación y por otro lado tu interlocutor te puede dar feedback, ya que es muy posible que haya sentido lo mismo alguna vez, con lo cual podréis compartir vuestra experiencia, incluso tomarlo con humor. El humor distiende y crea complicidad.
- Piensa en las pruebas o evidencias de lo que vas consiguiendo en el trabajo. En lo que te hace diferente. En tu talento y tu grado de competencia. Piensa en el valor que tú aportas.
- Si has recibido algunas críticas razonables, acéptalas, y reflexiona sobre los aspectos a mejorar. Piensa en tus valores. A partir de ellos y de tus fortalezas, elabora un plan de mejora y ponte a ello.
- Trabaja sobre ese diálogo interior que todos tenemos para un reencuadre de tu pensamiento. Es decir, piensa en lo que te dices y háblate con benevolencia y compasión.
En lugar de decir “He ayudado a…” utiliza afirmaciones más firmes y seguras, como “he dirigido…” “he colaborado con…” “Me he asociado con…” identificando, valorando y celebrando las evidencias de tus logros.
- Toma ejemplo de los éxitos de otras personas como una herramienta de inspiración, no como una referencia con la que compararte. Un compañero que gestiona bien el tiempo y termina pronto sus trabajos, otra compañera que tiene un gran sentido del humor para resolver situaciones conflictivas quitando hierro al asunto, pueden ser realmente inspiradores para encontrar nuestros propios talentos y fortalezas que mejoren resultados de los equipos de trabajo y del quehacer diario. Reconocer el valor de otras personas, celebrarlo y compartirlo en el trabajo, crea puentes y cohesiona equipos.
En definitiva, el síndrome del impostor puede hacer que nos aislemos y nos sintamos deslegitimados o incluso invalidados. A la vez puede suponer un buen punto de partida para reflexionar sobre nuestro desempeño. Tengamos en cuenta sobre todo que no somos ni seremos los únicos en padecerlo, que no estamos solos y que poniendo en evidencia nuestros logros en la tarea que desempeñamos nos fortalecemos y aprendemos a valorarnos. No olvidemos reconocer la valía de nuestros compañeros de equipos y tomar inspiración de sus logros.
Si estás experimentando esta sensación, o si un colega tuyo está pasando por esta fase, puedes utilizar estas pistas que acabamos de darte para mejorar la situación. Y sobre todo, escucha a tu colega y comparte tus experiencias en el trabajo. Estas acciones tienden puentes para la mejora de cada uno de nosotros y el bienestar de cada día de los equipos de trabajo.
[1] Consultar test sobre el síndrome del impostor o “fenómeno del impostor” en: https://www.paulineroseclance.com/pdf/IPTestandscoring.pdf
Deja un comentario