Autora: Eva Álvarez de Eulate. Vocal de APTASE. Consultora TALENT SEN. Coach y Mentora.

Desde luego, la vida es incierta, nos da sorpresas. No sabemos lo que pasará el día de mañana, o qué nos espera esta misma tarde. Y esto nos puede estresar o preocupar.
Frecuentemente solemos asociar lo desconocido al peligro y a menudo no sabemos cómo manejar la incertidumbre para que no mine nuestra capacidad de afrontar las circunstancias que sobrevienen a diario o nuestra capacidad de disfrutar de la vida con la energía necesaria. Es posible que por ello, en general, no nos planteemos demasiados interrogantes sobre lo que nos deparará el futuro. Parece que eso es conveniente para nosotros, lo tenemos asumido, si bien ciertas incertidumbres sí nos preocupan.
Probablemente en la segunda mitad del siglo XX hemos vivido una sensación de seguridad. Por el contrario, el siglo XXI ya en su primera mitad nos ha sumido en numerosos desasosiegos.
Si la mayoría de nosotros consideramos la incertidumbre como una debilidad que nos paraliza, hay autores que consideran esta sensación de incertidumbre como una fortaleza individual y social. Veamos por qué.
La incertidumbre puede suponer una especie de “estrés positivo”.
En primer lugar porque cuando nos encontramos ante algo nuevo o inesperado como la jubilación, un despido, un cambio en el puesto de trabajo o en las circunstancias económicas o familiares, esto provoca en nosotros una respuesta de estrés tanto fisiológica como neuronal que permite que el cerebro sea más receptivo a nuevos datos. Nuestra atención se amplía y nuestra memoria de trabajo mejora, porque se produce en nosotros como un estado de atención especial, como de vigilia, de estar despierto, que nos da la oportunidad de aprender.
En segundo lugar, la incertidumbre es una oportunidad para pensar mejor, para cuestionarse las cosas, para investigar. Para abrir espacio entre pregunta y respuesta y formular hipótesis; es útil para argumentar y para discutir. Para una deliberación más profunda.
De modo que en este campo de la incertidumbre, el experto adaptativo es alguien que es capaz de reconocer y utilizar su propia incertidumbre para investigar una crisis o una situación nueva; alguien que toma consciencia de la realidad, de lo que está pasando, valora sus posibilidades, sus fortalezas y lo que tiene a su favor, reconoce sus miedos, lo que le paraliza; y puede ser capaz de prever las dificultades que pueden aparecer en su itinerario personal para enfrentarlas, encontrando estrategias con el objetivo de trazar un plan y llevarlo a cabo.
Dentro de las situaciones de incertidumbre pueden ser incluidos los conflictos. Un buen conflicto no supone necesariamente el triunfo de un lado sobre el otro, o la victoria de una opinión sobre la otra.
El disenso y el desacuerdo frecuentes y a la vez respetuosos, producen mejoras en los desempeños de los grupos, porque, como en el caso individual, el grupo se ve sacudido por una especie de cuestionamiento y de escepticismo, con la incertidumbre.
Por lo tanto, ¿Cómo manejar la incertidumbre para ponerla a nuestro favor?
Nos pueden ayudar a ello algunas estrategias, como dejar de lado las prisas y detenernos a considerar la situación. Con mente abierta. Como cuando vamos de viaje y llegamos a un sitio nuevo. Si has viajado a Roma, por ejemplo, o a cualquier otro lugar, piensa cómo te sentiste la primera vez que llegaste a ese lugar. Puede ser un ejercicio que te puede ayudar a tomar consciencia de la situación incierta que estás viviendo.
Además es eficaz valorar el proceso de cómo hemos manejado cada uno de nosotros la incertidumbre en otras situaciones vitales. Reconsiderar la situación actual, hacernos preguntas y valorar la pregunta, más que encontrar respuestas. Probablemente nos ayudaría el hecho de tener una mentalidad más analítica. Como los niños cuando se preguntan “¿por qué?” con todo lo que pasa a su alrededor. Las preguntas nos ayudan a entender.
Nos favorece igualmente acostumbrarnos a aprender de la incertidumbre. Todos hemos aprendido de los exámenes, de situaciones conflictivas y desafiantes que nos han incitado a utilizar nuestras herramientas personales para resolver problemas. Una especie de aprendizaje de convivencia con la incertidumbre.
En cuestiones sociales y políticas, la incertidumbre nos hace aprender de las demás personas y grupos sociales para analizar, relacionar y darnos cuenta de la diversidad de nuestra sociedad actual. Tanto con los que estamos más de acuerdo, como con los que nos sentimos en desacuerdo total. De todo ello vamos a aprender y a partir de ahí vamos a poder actuar.
El envejecimiento es otra de las causas de incertidumbre para las personas. ¿Cómo voy a conservar mi trabajo actual, si quiero seguir trabajando? ¿Qué voy a hacer cuando me jubile? ¿Qué podría hacer para ser útil en mi entorno y para ofrecer toda mi experiencia acumulada a lo largo de los años? ¿Qué salud voy a tener? ¿Cómo de suficientes van a ser mis recursos? ¿Cómo puedo aplicar mi talento? ¿Qué hacer con esta situación nueva, esté jubilado o no? ¿Con quién puedo relacionarme para continuar con una socialización fructífera?
Como la etapa de la adolescencia, la etapa del envejecimiento o etapa sénior se caracteriza por esa percepción de lo incierto. La inquietud por la incertidumbre es en realidad un regalo. Aprendamos a manejarla para que la incertidumbre se convierta en uno de nuestros mejores estímulos. Seamos expertos adaptativos en este campo de la incertidumbre, capaces de reconocer y utilizar nuestra incertidumbre para investigar cualquier crisis o situación nueva.
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