Por: Julián Corral. Junta Directiva APTASE

Dos tendencias demográficas relevantes -unaproporción creciente de personas mayores y un cambio en la duración de la vida- están ejerciendo un efecto poderoso en la sociedad, la cultura, la economía y la provisión de cuidados de larga duración de los países con poblaciones muy envejecidas.
De una parte, el aumento incesante de la esperanza de vida y la caída de las tasas de natalidad están dando lugar a una longevidad progresiva en todo el mundo, pero nuestra comprensión compartida sobre cómo es la vida en edades avanzadas está lamentablemente desactualizada. Se presenta como una «narrativa de declive», no como un momento de oportunidad y cambio.
Nuestras percepciones sobre el envejecimiento y la oportunidad de vivir vidas más largas no están en consonancia con la realidad. Los marcos de políticas actuales están muy alejados de las realidades económicas actuales. Debido a una mejor salud y estilos de vida más activos, la brecha entre la edad de jubilación tradicional y el inicio de la fragilidad severa está creciendo. Hay una nueva etapa de la vida que no se tiene en cuenta tanto en el pensamiento como en la planificación de políticas. El concepto de “senior” necesita ser repensado.
Es necesario, por tanto, cambiar la forma en que pensamos acerca del envejecimiento, ya que si no lo hacemos corremos el riesgo de incurrir en costes más elevados en atención social y de salud, oportunidades de negocio perdidas y, lo que es más importante para todos, estaremos perdiendo la oportunidad de contribuir a la sociedad en nuestras vidas más largas.
De otro lado, una vida más larga es un triunfo de la medicina, la salud pública, los avances tecnológicos y el desarrollo económico. Cómo viviremos esos años adicionales y si las sociedades y las economías se beneficiarán de ellos, depende de las acciones que tomemos ahora. En cualquier caso, es innegable que tenemos ante nosotros una oportunidad apasionante y sin precedentes para cambiar la narrativa vigente en torno al envejecimiento.
Al abordar la amplia gama de desafíos que enfrenta una sociedad que envejece, es fácil perder de vista los muchos factores positivos inherentes a esta demografía cambiante. Rara vez concluimos, por ejemplo, que la edad nos ha convertido en una sociedad más sabia y más informada.
Una sociedad que envejece debe considerarse una señal de progreso que ofrece oportunidades únicas para el desarrollo económico, social y cultural. Un grupo demográfico mayor abre nuevas vías para la innovación tecnológica, el empleo y el crecimiento económico. De hecho, algunos economistas creen que garantizar una sociedad que envejezca activamente debería considerarse una estrategia de crecimiento vital para la UE. Por todo ello, necesitamos reconstruir, de manera más sólida, el contrato social sobre el envejecimiento y sus implicaciones para los ciudadanos, los gobiernos y las empresas.
Sin embargo, lograr una sociedad longeva requiere cambios sustanciales en el curso de la vida y las normas sociales, e implica una transición epidemiológica hacia un enfoque preventivo centrado en retrasar/minimizar los efectos negativos del envejecimiento. Por tanto, a medida que las poblaciones vivan más, la idea de que las personas mayores deben estar empoderadas para seguir siendo ciudadanos activos, saludables y productivos, será primordial.
Los cambios necesarios para lograr una longevidad saludable incluyen un mayor enfoque en la esperanza de vida saludable, un cambio de la intervención hacia la salud preventiva, una importante agenda de salud pública para evitar aumentos en las desigualdades de salud, el establecimiento de una política coordinada de longevidad entre los distintos gobiernos, y la evaluación intergeneracional de las políticas para garantizar que, al adaptarse a vidas más largas, las políticas no estén sesgadas hacia las personas mayores.
Una sociedad de la longevidad representa una nueva etapa para la humanidad y requiere que se desafíen nociones profundamente arraigadas sobre la edad y el envejecimiento, si la sociedad quiere hacer el mejor uso del tiempo adicional que trae consigo la longevidad. Al cambiar la mirada en torno al envejecimiento y las oportunidades que una longevidad saludable nos puede ofrecer, imaginamos un futuro quepromueva la salud pública, cree hogares y comunidades amigables con las personas mayores, permita el aprendizaje, el trabajo y el espíritu empresarial durante toda la vida, ypromueva el compromiso y el voluntariado con un propósito en beneficio de toda la sociedad.
Debemos rechazar el statu quo e imaginar un futuro diferente, uno que sea próspero, sostenible y arraigado en una longevidad saludable. A medida que extendemos la longevidad saludable, el creciente número de personas mayores se convertirá en un motor clave del crecimiento económico, la innovación y la creación de nuevos valores. Vivir más requiere repensar nuestro curso de vida y los paradigmas imperantes. Los modelos de curso de vida actuales ya no son sostenibles, y tampoco lo son los sistemas de atención social y de salud que fueron concebidos hace más de medio siglo.
Pero, para poder disfrutar de la oportunidad de vivir vidas más largas, saludables y productivas, se necesita quelas sociedades se centren más en la aptitud y capacidad física y mental de las personas mayores en lugar de solo en la disminución, y fomenten la prevención de enfermedades y la mejora del bienestar en lugar de simplemente tratar las dolencias.
Es hora de reemplazar el paradigma de vida “lineal” por uno nuevo “cíclico” que considera la madurez como un tiempo de reinvención personal, de florecimiento tardío y/o de nuevos comienzos. Es necesario que los empleadores proporcionen más trabajo flexible, trabajo compartido, jubilación gradual y años sabáticos para que los trabajadores más longevos tengan más equilibrio en sus vidas. Un enfoque más flexible nos permitiría extender nuestra vida laboral, hacer una transición gradual y jubilarnos por completo a una edad más avanzada. También es necesario que los líderes políticos, sociales y comunitarios comiencen a crear una visión convincente para esos años adicionales, admitiendo que la mayoría de las veces, lo que es bueno para los mayores también es bueno para los jóvenes.
Estamos en un punto de inflexión, en la intersección de un cambio demográfico fundamental y la búsqueda de un nuevo modelo. Si nos unimos y hacemos lo que se necesita, enriqueceremos las vidas que envejecen, fortaleceremos a las familias, los negocios y las comunidades y aseguraremos un futuro mejor, no solo para las personas mayores, sino también para las personas de todas las edades en todos los ámbitos de la sociedad.
¡¡ Actuemos hoy para todos nuestros mañanas. Hagamos que el envejecimiento sea mejor !!
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